COMITÉ DE LA VIDA ESPIRITUAL

Siervos Misioneros De La Santísima Trinidad

Reflexión Mensual: Enero 2003

 Exalta La Cruz

Por Rvdo. Gary Banks, S.T.

Toda persona que vive intensamente esta temporada litúrgica de Navidad se quedará perpleja al darse cuenta de la sangre y violencia que se van entretejiendo en el tapiz de la fiesta de tanto gozo y esperanza. ¿Por qué se celebra el martirio de San Esteban el día después de Navidad? ¿Por qué festejar al amigo amado, San Juan el evangelista, seguido por el horror de los Santos Inocentes? Pues la vida cristiana es siempre ambigua, de muchas emociones conflictivas a la vez. Todo momento de alegría encierra algo de tristeza, como todo momento doloroso alberga dentro de sí las semillas de alegría. Esto porque nuestra victoria y esperanza está en el signo paradójico de la Cruz.

Tanto de la teología como la motivación del Padre Judge nace de este poderoso símbolo cristiano. "La Cruz es un signo que nos induce a amar, a adorar, a ser agradecidos, a dar gracias, a servir."  Él pide de sus discípulos un amor y una veneración de la Cruz, que ellos mantengan la Cruz muy presente en sus vidas y que permitan que la Cruz les sostenga en la misión.

Como costumbre del Cenáculo, los viernes tenemos presente la Cruz de una manera particular. A las tres de la tarde, recordamos el sacrificio de la vida de Jesús para dar vida a este mundo. La Cruz nos impela a ACCION. Al ver la entrega total de Jesús a causa nuestra, nos impulsa a misión, a entregarnos a nuestros hermanos y hermanas. Nos anima a ACCION concreta. En mi examen propio cotidiano, al repasar mi diario vivir hora por hora, puedo decir lo que he hecho concretamente para los demás, las maneras concretas en que les he servido, cómo les he ayudado acercarse a nuestro Dios de amor, y sobre todo, como miembro del Cenáculo, cómo les he animado a ser "apóstoles."

La Cruz me inspira a autoentrega y SACRIFICIO. Nos entregamos a los demás en el servicio y el amor, libre y voluntariamente, en imitación de Jesús. A veces lo acompaZa el gozo y la satisfacción de la entrega, pues hacemos lo que queremos, lo que somos, de una manera significante e impactante. Otras veces luchamos con nosotros mismos cuando tenemos que hacer para el otro lo que nos cuesta, lo que nos hace cuestionar si de veras lo que ellos piden les será de provecho, pero, en todo, respondemos a sus necesidades, ayudándoles crecer en Dios. Mi examen diario tiene que revisar mi entrega de ese día particular, las labores y las tareas que me cansaban, pero fueron parte de mi respuesta al llamado que he recibido de Dios. Además, me debo examinar en el sacrificio y la entrega. El mundo actual es egoísta, narcisista, caprichoso. Cada día, para crecer en el espíritu de la Cruz, debo poder nombrar las maneras en que yo me he sacrificado, respondido al otro en lo que no quería hacer, o en un momento inoportuno, cómo he luchado para mantenerme simpático y acogedor en el cansancio, el mal humor, etc.  Al poder nombrar los sacrificios, me acerco más a la Cruz.

La Cruz me inspira a ser diligente, celoso, entregado. Me califica en la calidad de mi servicio, la manera en que trato a los demás, sobre todo, en mi solicitud, respeto y paciencia para con los pobres y sencillos. Trata de la manera en que respondo a la puerta, mi disponibilidad de dejar todo proyecto para responder a la necesidad ajena, la presencia y la atención que muestro a mis hermanos y hermanas, la preparación que doy a la oración y la vida litúrgica, la calidad que exijo de mi persona, esa intensidad y alto grado debido a nuestro compromiso misionero. Todas estas cualidades aumentan a través de mis contemplación de la Cruz.

Como devoción predilecta, intentaba colocarme al pie de la Cruz y mirar el rostro de Jesús. Me imaginaba como sería su cara. A veces intentaba platicar con él y hacerle preguntas. Raras veces me ha respondido. Pero de lo que me he dado cuenta a través de los aZos es que más y más que contemplo el rostro de Cristo en la Cruz, más fácil me es reconocerlo en la cara de sus hermanos y hermanas abandonadas. Estos son los que busco en mi servicio misionero. Otra oración provechosa es imaginarme al pie de la Cruz y mirar a los que me rodean. ¡En esto he encontrado algunas grandes sorpresas! En algunas de las medicaciones el P. Judge nos pide colocarnos al pie de la Cruz, al lado de la Madre Dolorosa, y escuchar a Jesús cuando nos dice "Tengo sed, tengo sed de almas." He intentado imaginarme lo que Jesús diría a la Iglesia actual, que habla más de "evangelización" en lugar de "salvar almas." Todavía no he escuchado la nueva formulación, sin embargo experimento el amor, solicitud e ímpetu para concientizar a los demás sobre cuánto Dios nos ama y cómo este mundo podría ser diferente. ¡Cómo Dios mismo se ha acercado a nosotros en la persona de Jesús! ¡La Cruz me inspira a compartir la esperanza que esta visión imparte!

La Cruz nos muestra sencillez. El Padre nos recuerda: "...nuestro Jesús es el Jesús desnudo y pobre de la Cruz, Quien fue sepultado en el sepulcro de un extraZo."  Nuestras vidas se complican y se someten a las exigencias de los bienes materiales. El Jesús despojado en la Cruz carece de las necesidades básicas. Nuestra contemplación de él nos inspira a liberarnos de lo superfluo e innecesario para mejorar el servicio. Si durante el examen, encuentro que estoy diciendo: "No puedo, porque tengo que hacer esto, y luego, el otro, y después, otro....." es tiempo de abrir un poco más de campo en la vida.

Contemplar a Jesús en la Cruz es ver tanto que Dios nos ama y se nos entrega gratuitamente. ¡Sólo nos puede suscitar agradecimiento en el corazón! ¡Nos conduce a ADORACION, a AGRADECIMIENTO, a ACCION DE GRACIAS. San Pablo lo entendió bien: "¿Qué es lo que tienen que no han recibido? (1Cor 4,7)"  Todo es un don de Dios y la única respuesta posible es acción de gracias y eucaristía.

La Cruz me impela a SERVICIO. Quisiera poder decir que aquí es donde culmina pero me siguen sonando en el oído las palabras de Martin Luther King: "la Cruz, no sólo la cargamos, sino en ella tenemos que morir."  El Padre escogió una Cruz de madera rústica para nuestro símbolo. No tiene corpus. ¿Era de casualidad, o de designio? ¿Pide algo especial de sus misioneros que todavía no logramos captar?

La Cruz es ese símbolo de amor que nos inspira y nos fortalece en el servicio, ¡sobre todo al Cristo desnudo y abandonado, encarnado en nuestras hermanas y hermanos!

Preguntas para la reflexión:

1)  ¿A cuáles nuevas acciones me inspiró la Cruz en 2002?

2)  ¿Me ha inspirado la Cruz a hacer nuevos sacrificios, o agradecer a Dios los contratiempos y dificultades?

3)  ¿Cuáles son las costumbres, devociones o prácticas que hago para venerar a la Cruz?