COMITÉ DE la VIDA ESPIRITUAL

 SIERVOS MISIONEROS DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Reflexión Mensual: Febrero 2003

SER MISIONEROS…HOY

Rvdo. Francisco J Gómez, ST

Tal como se vivió en la Asamblea General en Eufaula, Alabama, los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad nos encontramos en un momento clave en nuestra historia.  A decir, la voz de nuestra Familia del Cenáculo Misionero tiene diferente entonación y es pronunciada por hermanos y hermanas quienes llevan en el alma una oración que llega al trono de Dios porque primero ha estado en los rincones más lejanos de la creación divina, han llorado ante toda miseria humana y regocijado igualmente ante toda bondad divina.

También nos encontramos en un momento clave en nuestra historia porque el mundo de hoy es tan diferente.  El mundo de hoy es tan diferente que la Iglesia se encuentra ante el un desafío como nunca: ser testigo creíble del Evangelio.  Como familia del Cenáculo y con todo acierto, como Religiosos, este es un desafío que nos corresponde.  Quizá mejor dicho, se trata de una invitación personal que Nuestro SeZor coloca ante cada miembro de la Familia y no solamente a aquellos que  ejercen un ministerio de autoridad ó un grupo selecto entre nosotros.

Don Pedro Casaldáliga nos dice en muy su estilo poético que se trata de la “hora oscura de un nuevo amanecer.  Dios está a la vista.  Esta es la vista de una Nueva Humanidad que se atreve a gritar el Evangelio con el vigor de la propia vida”.   El Padre Judge estaría de acuerdo.  El seZaló en nosotros un

espíritu apostólico, un espíritu fuera de lo común, un espíritu de valor incalculable, porque hace de quienes perseveran en este espíritu aún hasta la muerte, personas preciosas ante Dios.  Es un espíritu muy por encima de aquellos de devoción ordinaria.  Es un espíritu de tanto ardor, tan profundamente interior, tan exigente y exhaustivo del ser que aquellos de virtud débil o quienes tienen apegos que les esclavizan, lo consideran con pavor.

Con la increíble libertad y la gracia del Espíritu Santo somos partícipes privilegiados en la tarea de darle la bienvenida a algo nuevo; es el momento de “vino nuevo”.  Ya no le podemos dar licencia exclusiva a “modelos administrativos e empresariales” donde orden y un poder predecir para controlar, basado en pensamiento racional es lo más importante.  Tan importante que lo intuitivo y los sentimientos se consideran simples distracciones.  Acuerdos racionales y decisiones lógicas bien caben en los procesos macroeconómicos del FMI pero no se les puede permitir que impidan el movimiento inescrutable del Espíritu Santo.  Tampoco le podemos dar derecho exclusivo a un individualismo soberano donde la parcialidad del sujeto ó su búsqueda narcisista de la satisfacción personal reduzca de la manera más mínima el reclamo absoluto del Reinado de Dios.  Es hora de darle la bienvenida de manera comprometida a una “interdependencia relacional”.  Lo que sucede en una parte de la sociedad afecta otras; si hay una hermana o hermano que padece de hambre, yo también tendré hambre; lo que sucede en un Cenáculo afecta todos los demás.  Necesitamos darle la bienvenida a “toma de decisiones participativas”, un número selecto de individuos nunca van a poder brindar las perspectivas reales, creatividad y los cambios que son necesarios el día de hoy.

La Asamblea General afirmó que:

El don que los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad comparten con el mundo y la iglesia es una relación especial con el seglar – el Pueblo de Dios.  Una relación que es particularmente nuestra porque surge de nuestros cimientos: la experiencia de ser parte de la Familia del Cenáculo Misionero.  El enfoque en esta relación que hemos escogido es un servicio a las personas marginadas en nuestra sociedad donde fomentamos un liderazgo compartido a fin de extender el Reinado de Dios y la transformación de la sociedad en los sitios locales donde ejercemos nuestro ministerio”.

En el horizonte inmediato prontamente nos encontraremos en el tiempo privilegiado de Cuaresma.  Es tan fácil como frecuente encontrar escape en el activismo y así evitar la oración, la necesidad de compartir fe y el llamado a la conversión.  En vez, quisiéramos invitar a todos a no huir sino a:

-          Encontrar tiempo para estar a solas.

-          Tomar el tiempo necesario para estar con miembros de la Familia del Cenáculo especialmente Siervos Misioneros y compartir sobre el encuentro entre vida y fe auténticas

-          Considerar a solas y con otros los dolores de parto que están tan cercas como tu asignación actual.

-          Considerar a solas y con otros la herencia espiritual que llevas dentro de ti y cómo mejor poner esos dones al servicio del Reinado de Dios.

-          Busca apoyo a partir de lo más profundo del alma y en el compartir con otros a tal grado que estés dispuesto a pagar el precio de una verdadera conversión.