Reflexión mensual: julio de 2005

 

Reflexión sobre un "Escuchar Atento"

 

Padre Peter Krebs, S.T.

 

Cristo vino para que tuviéramos vida y vida en abundancia (Jn. 10:10).

 

De acuerdo con Jesús mismo, el propósito principal de su venida fue para que nosotros tuviéramos vida: una vida "abundante"  con calidad de ser.  Yo creo que esto también se refiere a nuestra vida de profesos como Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad. Jesús desea que nuestra vida de profesos sea "abundante", y ¡sus palabras sugieren que se necesita ir más allá de ser piadosos y rígidamente rectos a fin de incluir el hecho de estar vivos!

 

La pregunta entonces tiene que ser, ¿llegaremos nosotros a lograr éste tipo de vida, ésta manera de vivir, al vivirla?

 

Una vida abundante no depende de sí, ni es prefabricada, sino compuesta de muchos elementos, cada uno añadiendo otra dimensión que le da cumplimiento a nuestra humanidad.

 

Este mes quisiera reflexionar sobre una escucha y oír mutuos identificando uno de los elementos de esta vida abundante que podemos vivir como profesos Siervos Misioneros.  ¿Cómo será que un escuchar más profundo y con mayor sensibilidad  nos pueda llevar a una vida abundante?  Por medio de palabra y obra, Jesús frecuentemente descolgaba percepción convencional e invitaba a sus seguidores a una manera nueva de ver y escuchar, atentos a signos de la presencia de Dios entre sí. Permítanme ofrecer algunos puntos de partida hacia una escucha atenta como manera de lograr una vida abundante.

 

A titulo personal y a través de mi experiencia con otros, he llegado a reconocer que una de las causas principales de una pobre autoestima aparece cuando la persona no se siente escuchada.  Al fin, esta reacción se puede interiorizar y transformarse en un sentir que sus opiniones, y en consecuencia la persona misma, no tienen nada que valga la pena contribuir a la vida de comunidad. Se ha encaminado hacia el desarrollo de una autoestima baja.

 

La filosofía cultural de hoy tiene a ambos, la autosuficiencia y al éxito en gran estima, y permite algunas palabras de desprecio hacia quienes se encuentran atrapados en el fracaso. Estoy seguro que hay muchas personas que podrían haber escapado del fracaso si hubiesen sido escuchadas. Como consejeros, no hacemos magia y hacemos desaparecer los problemas de aquellos que nos consultan; mayormente,  escuchamos y respetamos sus palabras. Quizás deberíamos escuchar a cada uno de nuestros hermanos, conscientes que tenemos algo que ver con el valor personal que se otorga.

 

Es un escuchar atento lo que debería estar en el núcleo de la relación mutua: escuchar no solo a las palabras del hermano, sino también con suficiente interés que permita captar la totalidad del mensaje que quiere transmitir.  Para ello, necesitamos valorar al cofrade a fin de que él se de cuenta que estamos sinceramente interesados en su persona y bienestar.

 

De tal manera, escuchándonos mutuamente se transforma en una auténtica espiritualidad.  Recordando el consejo sencillo pero potente de Jesús de "amarnos los unos a los otros", esta escucha más profunda incluye el servicio mutuo, amonestando cuando necesario, mutua aceptación, ayudándonos con nuestras cargas pesadas, y considerando a uno tan valioso como a sí mismo.  Si reconocemos en esta manera de escuchar el portal a una vida espiritual más profunda, es mi pensar que podemos caminar hacia delante como si nos estuviéramos escuchando por primera vez.

 

 

Un escuchar atento requiere paciencia y cuidado de la persona con quien estamos tratando.   En la interioridad, para escuchar espiritualmente tenemos que decelerar la mente y permitir que la curiosidad divina inunde el amor que nos tenemos.

 

 En el acto tercero de la obra, ‘Our Town', de Trotón Wilder, Emily muere al nacer, pero se le permite regresar a la vida y celebrar su doceavo cumpleaños.  Desde su lugar de entierro en el cementerio del pueblo, le pregunta a su mamá: "Mamá, simplemente contémplame un minuto como si en realidad me estuvieras viendo.  Doce años han pasado.  Estoy muerta… pero por si fuera un solo instante, ahora que todos estamos juntos, estamos contentos.  Hay que vernos el uno y el otro."

 

Nosotros, Siervos Misioneros, ¿nos vemos, contemplamos y escuchamos mutuamente?

 

Quienes escuchan atentamente han llegado a creer que vale la pena escuchar al otro.  Ellos han llegado a ser confiables y le dan una bienvenida abierta hacia los demás.  Cuando tomamos el tiempo para escudarnos, somos hermanos de gran valor.

 

Personas que escuchan atentamente han llegado a creer que todos tienen algo importante que decir.

 

Personas que escuchan atentamente han llegado a creer que los sentimientos son tan importantes cono los hechos.  Le ponen atención no solo a lo que se está diciendo, sino también a lo que no se ha dicho.  La persona que escucha le pone atención a postura, tono de voz, la elección de palabras, etc.  Casi siempre hace preguntas que subrayan lo que el cofrade está diciendo.

 

Personas que escuchan atentamente le permiten al interlocutor controlar la conversación. ¡No interrumpe, ni cambia de tema!

 

Escuchar atentamente es una habilidad, es un arte de paciencia y cariño.  Requiere que uno piense en otro aparte de uno mismo, aunque sea por un lapso corto de tiempo.

 

Escuchar atentamente dentro de una familia de religiosos es sumamente importante porque le permite a los miembros darle expresión a sus necesidades, deseos y lo que le preocupa.  Comunicación abierta y honesta establece un ambiente que les permite a cofrades expresar sus diferencias tanto como el amor y admiración que uno puede tener por el otro.

 

Para ser sensible hacia los demás y darle bienvenida a la expresión plena de su singularidad, necesitamos proveerle al otro los espacios de silencio cuando estamos juntos.  Estos son períodos de descanso, respiración profunda, meditación callada, de pensar y de ser posible, compartir pensamientos y sentimientos.  El silencio, que con frecuencia ofrece un contexto para tomar una postura de escucha con sensibilidad, se valora hoy en día porque no sucede tanto.  El dramaturgo y novelista irlandés Oscar Wilde, halagó a uno de sus amigos porque apreciaba el poder y lo hermoso del silencio.  Wilde dijo de él, "conocía el momento psicológico preciso para decir nada".

 

Preguntas para la reflexión:

 

¿Ha habido instantes en tu vida cuando querías ser escuchado, pero te diste cuenta que nadie escuchaba?

 

¿Puedes recordar algún momento cuando dejaste de escuchar a otro?

 

¿Sientes que aquellos a quien te diriges te están escuchando? ¿Por qué ó por qué no?

 

 

¿Qué pistas recoges que te dan a saber si el otro te está ó no te está escuchando?