COMITE DE LA VIDA ESPIRITUAL

SIERVOS MISIONEROS DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Reflexión Mensual - septiembre 2006

Aliviando las heridas

Rev. Bertin Glennon, S.T.

         Cada una de nuestras experiencias emocionales duele más de lo que compartimos. A través de los años hemos crecido con un cúmulo de expectativas acerca de nosotros mismos y de los demás. Estas expectativas nunca son experimentadas de la forma que deseamos, en realidad, son más las ocasiones en las cuales encontramos a una persona o a una situación que no nos lleva a cumplir las expectativas que tenemos. Es en estos momentos cuando experimentamos dolor emocional, cuando nos sentimos heridos.

      Para entender el dolor emocional, aún aquel que data de años atrás, puede sernos útil compararlo con el dolor físico. Cuando se experimenta dolor, el cerebro se enfoca en la herida y empuja todos sus recursos propios sobre el dolor. ¿Alguna vez han tratado de no prestar atención a una ampolla en el dedo pequeño del pie? El cerebro nos instruye a no usar la parte herida tal como la veníamos usando. Luego nos dirige a un proceso propio analgésico. Cada uno de nosotros ha desarrollado su propio conjunto de procesos calmantes. El proceso propio analgésico está conectado con el dolor, y cada vez que se experimenta dolor, el cerebro envía de vuelta dicho proceso. Marlatt denomina a esto una señal cognitiva. El dolor le señala al cerebro cuándo empezar el proceso propio calmante. Marlatt también nos dice que a mayor dolor, mayor se vuelve la respuesta automática del proceso propio analgésico.

     Si miramos atrás las circunstancias dolorosas de nuestras vidas, vemos con claridad el proceso propio analgésico. Numerosos escritores han determinado una jerarquía de respuestas. Nosotros consideraremos sólo las cinco principales. Un proceso propio calmante es la distancia; uno es dependencia y otro es agresión. Para simplificar: la distancia significa estar lejos de ello y tratar de olvidarlo. Dependencia significa que encontramos algo que puede quitar el dolor. Agresión significa que atacamos, bien sea en directo, o con pasividad agresiva la causa del dolor. Antes de mucho, tenemos este proceso automatizado. Cuando es automático, el proceso propio calmante empieza a ser repetitivo. Cuando se vuelve repetitivo, creamos un proceso de pensamiento para explicar nuestra conducta y quizás, la conducta de los demás. Es más fácil enfocarse sobre el proceso explicativo y el proceso que es más como hacer que el proceso automático trabaje.

        Hay tres pasos para lidiar con el dolor: 1. Enfoque. 2. Calma y 3. Explicación. Si estamos dolidos, o pendientes del dolor, este proceso no funciona bien. Uno de los problemas es que tendemos a empezar por el final. Lidiamos con el dolor tratando de explicarlo, para poder mantener nuestras expectativas. Esto brinda algunas posibilidades, pero no muchas. Re-explicar es como solidificar las expectativas y hacer más fuerte el proceso automático de enfoque y calma.

       Si esto no funciona, cambiamos nuestro enfoque. Intentamos poner distancia y olvidar. Muy a menudo nuestro cerebro no lo procesa y nuestras expectativas se vuelven como roca. Podemos tratar de volvernos dependientes, encontrando a alguien, bien en la realidad o en la memoria que nos diga que lo que esperamos es efectivo y que debemos mantenerlo. O podemos atacar, culpar, causar dolor, o volvernos un bache en camino para que las ruedas de todos golpeen y reboten con incomodidad. De nuevo, esto no funciona tan bien como nos gustaría. Nuestras expectativas permanecen iguales.

      Es interesante como muy a menudo tratamos de cambiar la manera de apaciguarnos nosotros mismos. Con frecuencia construimos algo que nos puede ayudar a volvernos alertas a una recompensa que obtenemos de ser como somos, como resultado de cambiar nuestra expectativa. Claro, el apaciguamiento puede volverse un problema si nos calmamos de una manera inaceptable. Con seguridad eso es un riesgo. Sin embargo, es tal vez un riesgo que vale la pena. Nos podemos calmar si buscamos y encontramos algo que nos ayude a volvernos de forma automática quienes somos, sin las mismas expectativas que creíamos necesitar.

         Algunas técnicas efectivas de calma podrían ser, pasar más tiempo con los cofrades, pedirles que escuchen los diferentes pensamientos y sentimientos que tenemos. Puede ser difícil porque nunca lo hemos intentado antes. ¡Puede haber mucho más dentro de nosotros de lo que pensamos!

         Otra técnica efectiva de propio apaciguamiento podría ser tratar nosotros mismos una nueva serie de experiencias, tales como aprender una habilidad (no tiene que ser algo que nos haga funcionar mejor, pero debe ser algo que nos interese). ¿Cuántos de nosotros conocemos nuestros intereses?

       Una tercera técnica analgésica puede ser tomar tiempo para reflexionar en lo que hemos escuchado, no definiendo, sino percibiendo las posibilidades de los demás en nuestras vidas. Esto podría cambiar un montón de expectativas.

     Puede haber más, claro. Cada uno de nosotros tiene un lado creativo que ha sido sellado por nuestras expectativas. Podemos darnos permiso para explorar.

      No hay necesidad de decirlo, mostrarnos a los demás puede hacer que nos apreciemos más en lo que somos. Intentar aprender y tomar parte en nuevas experiencias puede hacernos apreciar todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Por último, escuchar a otro puede hacernos estar más alertas a lo que Dios está diciendo a través de nosotros.

         Si tenemos dolores que se han vuelto automáticos por un tiempo, quizás tenemos un problema con nuestras actuales expectativas. Podríamos explicar lo que sentimos o la manera en que lo enfocamos. Tal vez no hemos visto las posibilidades de alivio, un regalo de Dios que sólo podemos encontrar cuando entendemos las acciones de Dios dentro de nosotros.

Preguntas para la Reflexión

1.  ¿Tenemos dolores que se han vuelto automáticos en nosotros, que han estado con nosotros por un tiempo?

2.  ¿Podemos nombrarlos? ¿Nos atrevemos?

3.  ¿Podemos encontrar la manera de volvernos más hacia nosotros, darnos cuenta de lo que Dios ha hecho, y de cuán bien nos podemos sentir?

4. ¿Trataremos?