Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad

Reflexión Mensual - Octubre 2004

 

LA RESISTENCIA A LA RENOVACIÓN ESPIRITUAL

Michael K. Barth, S.T.

 

Amos Wilder, teólogo Americano, ha dicho, “En todo tiempo nosotros instruimos a Cristo sobre lo que Él fue o lo que es, en lugar de permitirnos a nosotros mismos ser instruidos por Él.”

 

En estos años, cuando hemos sido llamados a reflexionar sobre nuestra identidad religiosa como siervos misioneros, ¿por qué estamos instruyendo al carisma sobre lo que él fue o es, en lugar de permitirnos ser instruidos por el carisma? ¿Por qué nosotros (yo) oponemos resistencia cuando somos invitados, llamados y convocados por algún otro (Capítulo) a usar los dones que tenemos (Regla de Vida, Constitución, Las Meditaciones, retiros), para nuestra renovación?

 

Es frecuente que nos resistamos a cosas que nos son desconocidas. Pero si son conocidas, tememos que ellas nos puedan emplazar a actuar en otra forma, o a aventurarnos a un lugar que nos saque de nuestro cómodo sitio. Me resisto a hacer ejercicio o a bajar de peso porque ello podría exigir privarme de la comida que me gusta o hacerme levantar temprano de la cama. Sé que es bueno para mí y que tengo que hacerlo, pero me resisto y prefiero dejarlo para mañana. Con frecuencia, no escuchamos el mensaje sino hasta que ocurre una crisis y entonces, tal vez actuamos (preguntémosle a Bill Clinton), con la esperanza que no sea demasiado tarde.

 

Se estableció en nuestro último Cenáculo General, que la parte religiosa (no sólo de los siervos misioneros) está experimentando una crisis y que “se ha hecho urgente que cambiemos la manera en la cual vivimos nuestra vida religiosa”. No sé si estemos necesitando una operación de ‘bypass’ o no, pero estamos llamados al cambio, a hacer algo diferente, a dejar lo ‘probado y verdadero’, los sitios cómodos, y permitir una vez más que el carisma nos instruya, nos guíe y consienta, que la sangre del Espíritu fluya libremente por nuestras venas.

 

El Padre Vincent, en su reflexión mensual de enero del 2004 dijo, “La identidad de los siervos misioneros está descrita en forma adecuada en la Constitución, el Directorio y la Regla de Vida. No creo que el requerimiento de futuros estudios sobre la Identidad provenga de falta de información... Lo que creo que debe ser examinado es aquello que podemos tomar prestado del mundo de los computadores, la ‘actualización’ (upgrade)

 

Con todo, nos resistimos a actualizarnos. Es terquedad, pereza, apatía, miedo o como lo queramos llamar, ¿es el negocio o es el estar ocupados del apostolado? Supongo que podemos llamarlo en cierto sentido pecado, resistencia al llamado a la conversión.

 

La renovación, personal y comunitaria, no es tan fácil (para nuestra mala fortuna) como apretar el botón de ‘transferir’ (download) y sentarnos a esperar mientras todo es acomodado a conveniencia en nuestro disco duro. ¡Cómo lo quisiera! La renovación a la cual hemos sido llamados por nuestros documentos, por la Iglesia y por el pueblo al cual servimos, es hecha a través de la oración, la reflexión y poniendo atención en nuestra vida espiritual.

 

El Arquitecto Divino, el Espíritu Santo, desea continuar construyendo el carisma dentro de nosotros, por nuestro mundo y por nuestro tiempo. Y aún así, nosotros (yo) nos resistimos.

 

Cuando nos reunamos este mes, permitámonos reflexionar en comunidad o de manera personal en esta resistencia. ¿Suelo usar los documentos que me han sido legados por nuestros antecesores (La Regla de Vida, la Constitución, el Directorio), como fuentes de renovación e identidad? ¿Con qué frecuencia los abro y oro con ellos? Si no, ¿por qué no?

 

¿Ha sido la vida devota del cenáculo, fuente de ‘agua viva’ nutriéndonos, una auténtica vida apostólica? Si no, ¿por qué no?

 

¿Qué obstáculos o fuentes de resistencia necesitan ser renovados en mi vida, con el fin de responder con honestidad al llamado a renovarnos, para que podamos cambiar la manera en la cual se vive la vida religiosa?

 

¿Estoy planeando asistir a alguno de los retiros que vienen, aprovechando los Ejercicios Espirituales del Cenáculo? Si no ¿por qué no?

 

Oremos juntos para que un generoso chorro de bondades del Espíritu Santo nos lleve a todos hacia el futuro, a un futuro corriente con temores y muchos interrogantes, sí; pero descansando siempre en las manos de Dios.

¡Bendita sea la Santísima e Indivisa Trinidad, ahora y siempre!