REFLEXION MENSUAL - COMITÉ DE LA VIDA ESPIRITUAL

JUNIO 2006 

DEBILIDAD EN EL MANEJO DE LOS PROBLEMAS DE NUESTRA FAMILIA DE ORIGEN

 HNO. LOUGHLAN SOFIELD, S.T.

            Cuando Seraphim me pidió escribir otra de las reflexiones mensuales, me contó que el Comité de Vida Espiritual y Religiosa había escogido tratar los "asuntos candentes' expresados por los cofrades.

            Traté de encontrar una manera amable de esquivar la invitación, asegurándole a Seraphim que me gustaría hacer una reflexión sobre otro tópico. Pero Seraphim es muy persuasivo y aunque sin querer, accedí a hacer una reflexión sobre "La debilidad en el manejo de los problemas de nuestra familia de origen". Mi falta de entusiasmo se debía a mi profundo desacuerdo con la premisa básica. Cuando todavía hacía terapia, a menudo encontraba clientes que trataban de convencerme de que él o ella eran de tal o cual manera, porque habían crecido en una "familia disfuncional", término de uso común por entonces.

            Mi respuesta a su declaración era por cierto menos que compasiva: "¡Entonces crezca y tenga una vida! No tenemos que ser víctimas de nuestro pasado". Los adultos más saludables tienen la capacidad de crecer en lo psicológico-sexual. No siempre es fácil, pero está en la capacidad de mucha gente.

            Hace un tiempo hicimos un taller para sacerdotes, titulado "El Cura Maltratado". Es probable que fuese la mejor asistencia de sacerdotes que nunca habíamos tenido en el área. Pienso que muchos se identificaron con el concepto de ser maltratados. Uno de los hombres llegó en muletas y con los brazos envueltos en vendajes, su forma de resaltar el tema. Uno de los presentes era una psicóloga que había sido una esposa maltratada. Su mensaje a los sacerdotes fue claro: La mayoría de personas no puede ser maltratada, a no ser que lo permita debido a su pasividad".

            Un amigo mío hizo un trabajo de grado en psicología, llamado "Debilidad aprendida", concepto a menudo identificado con esposas maltratadas, quienes son las mujeres más lastimadas. Esta debilidad aprendida, es una manera de pensar asimilada, en la cual el individuo se convence, él o ella, de que no hay nada que pueda hacer para cambiar la mala situación, así que permanece en la situación abusiva.

            En mi labor con la gente, con los laicos, los religiosos y los clérigos, a menudo trato casos de debilidad aprendida. Ella es devastadora para la persona y la lleva a la depresión, resultando afectados ambos: la persona y el ministro.

            La Conferencia de Obispos Católicos de los EEUU en un maravilloso documento titulado "Llamados y Dones del Tercer Milenio", identifica los cuatro llamados de cada cristiano. Uno de esos llamados es el llamado a la madurez cristiana. Madurez cristiana es no mantener una actitud de debilidad aprendida, al contrario, es asumir la responsabilidad por la propia vida, rehusando culpar a nuestra familia de origen o a nuestra cultura por los problemas que encontramos a diario.

            No pretendo dar la impresión de que la familia de origen o nuestra cultura no tienen un efecto sobre el individuo, sólo que ese efecto no tiene que ser permanente. Tenemos el libre albedrío y podemos tomar decisiones contrarias a nuestro pasado. Hacerlo incluye actuar en contravía de como hemos crecido desde la niñez en nuestro "ego ideal". El ego ideal está compuesto de todos los "deberías" que nos han sido comunicados en la juventud, durante nuestra escolaridad y aún durante nuestra formación religiosa. Algunos de estos ideales no son de Dios, pero sí tienen un fuerte control sobre nuestro comportamiento. Incluso, si nos encontramos haciendo algo contrario a aquellos establecidos "deberías", ello nos conduce a la ansiedad. Si alguien hace algo contrario al ego ideal, se produce la culpa. La razón de la culpa católica puede ser percibida como muy poderosa, debido a que hay muchos "deberías" en el ego ideal.

            Quizás una historia real pueda ayudar a dilucidar este concepto. Jim Gill, que fue mi maestro, y a quien muchos de ustedes han tenido el privilegio de conocer, me contó una historia ocurrida mientras él hacía su residencia médica. Uno de sus hermanos Jesuitas había sido operado. Cuando Jim corrió a preguntarle a la enfermera de la sala de recuperación cómo iba su cofrade, ella le aseguró que todo estaba bien, pero le preguntó a Jim si su cofrade había crecido cerca al mar. Jim, siempre tan inquisitivo, la presionó para que le dijera el por qué de su pregunta. Ella le replicó que cuando salía de la anestesia, él había estado gritando: "Cuidado con las gorras-blancas!", un término (en inglés) usado para describir los picos del oleaje marino. Jim soltó una carcajada incontrolable. Cuando ellos estaban en el seminario, uno de los profesores los había puesto alertas: "Después de la ordenación, todas las mujeres se les van a ofrecer, en especial ¡las gorras blancas!". El profesor se refería a un término (en inglés),  con frecuencia utilizado para describir a las enfermeras.

            En la medida que nuestra congregación se hace más multicultural tenemos que volvernos más sensibles a la influenza que la cultura ejerce sobre los individuos. Por experiencia sé que muchas culturas parecen tener problemas manejando las emociones, en especial la ira, la sexualidad y la miríada de emociones conectadas con el conflicto. Cada cultura trae sus tradiciones culturales a la comunidad. Debido a los tabúes culturales, esas emociones están incrustadas en el ego ideal y pueden causar conflictos entre las culturas.

            No hay duda que nuestras familias y culturas han tenido gran influencia en nuestro desarrollo espiritual y emocional. Esa influencia fue muy fuerte cuando éramos niños. Como adultos, con el regalo de Dios del libre albedrío, no tenemos que continuar manteniendo esos ideales si ellos no sirven a nuestro mejor interés de crecimiento, para ser los cristianos maduros que Dios desea que seamos.

Preguntas para la Reflexión:

1.         ¿Cómo han influido mi familia y  mi cultura en mí, en forma negativa y/o positiva?

2.         ¿Existen partes en mi vida en donde he asumido un papel pasivo debido a mi pasado?

3.         Si es así, ¿en dónde puedo encontrar ayuda para continuar mi crecimiento psico-sexual?