REFLEXION MENSUAL AGOSTO, 2005
"Nuestro propio deseo apasionado de ser fieles a la vida de los votos se ve desafiado por nuestro temor a abrazar nuestra sexualidad y al regalo de la castidad del celibato". Resolución #1, Actas del XII Cenáculo General de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, 2003.
LA ENCARNACION Y NUESTRA SEXUALIDAD
Padre Bertin Glennon, S.T.
La sexualidad es la manera de ser un ser humano. Es como seres humanos que nosotros que somos religiosos, debemos responder a Jesús y a nuestros semejantes, los otros seres humanos. La sexualidad ofrece recompensa sensual significativa en el aquí y el ahora. Tenemos que estar atentos a nuestra experiencia para determinar si esa recompensa nos une a los demás de una manera creativa, o nos separa de ellos de una manera injusta. Pocas son las personas que abusan de la sexualidad debido a un déficit interno o a un problema mental o de salud. Sin embargo, muy a menudo algunos abusan de la sexualidad debido a una confusión de poder (muchísimo – o muy poco) y a una limitación de opciones. La sexualidad es el llamado a compartir nuestro yo interior con otros de una manera creativa. Para usar la sexualidad de forma apropiada tiene que haber un compartir auténtico y una novedad creativa.
Muy a menudo se mira a la sexualidad como a un acto físico, al coito como tal. Esto es perder mucho de la riqueza que Dios ha creado en la sexualidad. Dios considera que al darnos a nosotros mismos a otros nos volvemos creativos. Un aspecto de ello es lo físico. El otro aspecto de la sexualidad es lo espiritual. Uno puede con facilidad divorciar lo físico de lo espiritual. Eso es pecado. No hay duda que la más completa forma de sexualidad es el compartir físico de uno mismo para la creación de la vida. Cuando lo físico se convierte en lo dominante, la persona se vuelve hacia el o ella misma. Cuando lo espiritual se convierte en lo dominante, se niega la plenitud de volverse uno mismo. Hay muchos ejemplos de esto sobre los cuales preocuparse.
Es la sexualidad lo que nos mantiene juntos como religiosos. Nos damos a nosotros mismos de forma tan completa como podemos, de tal manera, que de estar unidos algo creativo puede venir. En el curso de darnos a nosotros mismos de forma tan completa como sea posible, encontramos la pertenencia y la creatividad. Somos parte, pertenecemos, y nos sosegamos porque nos hemos vuelto más que lo que hemos sido solos y esa es la naturaleza con que Dios nos ha creado. Cuando nos enfocamos en lo físico y en la sola expresión física, nos volvemos aislados. Cuando eliminamos la co- respondencia creativa, perdemos la individualidad con la cual hemos sido bendecidos en la creación.
Mucho de nuestro aprendizaje fue dirigido a evitar el mal uso físico, pero quizás eso llevó a la pérdida del don individual que podemos ser. Claro que es muy necesario evitar el mal uso físico, pero evitar lo físico pudo haber menguado nuestra co-respondencia para llegar a ser algo nuevo.
La sexualidad es un llamado de Dios, hablando con Jesús pidamos cada uno de nosotros ofrendar nuestro ser físico y espiritual para el engrandecimiento de nuestra vida. Este llamado de Jesús nos pide mucho de nosotros. Pues aún venimos con el instinto básico de controlar nuestro propio engrandecimiento y de escoger para ver nuestra propia imagen en la vida. La vida creativa nos pide renunciar a nuestro control, para que aquello que es nuevo pueda suceder, y escoger compartir completa y abiertamente, ya que somos parte de lo que viene. Estos dos aspectos de la sexualidad cuando son mal dirigidos, pueden ser por donde entre el pecado. Tenemos que vivir con el proceso de control instintivo y elegir una manera encarnada que cumpla la voluntad de Dios.
La sexualidad es necesaria para el religioso. Es un llamado al punto tocante y al testimonio del advenimiento del espíritu en el mundo. El Espíritu de Dios nos llama a movernos a un nuevo nivel de humanidad, más allá del ámbito de lo experimental. La meta eterna de toda creación es concientizarse de la encarnación en la creación. La encarnación significa que Jesús ha cambiado el mundo visible a un mundo interior. El mundo externo se desarrolla hacia el punto en donde Jesús será el todo en todo. Los religiosos tenemos un especial llamado a apuntar hacia el mundo interior que la gracia hace real.
Cuando un religioso busca ganar control sobre otro, la probabilidad del abuso físico se incrementa. Cuando el propio placer físico es la meta, tenemos que usar a otro para nuestros propios propósitos. La otra persona está ahí para satisfacer al ego. Esto es más fácil de ver si hay acción física de una manera interpersonal obligada, que no está dirigida hacia nueva vida. El otro se convierte solo en un aspecto de uno mismo. Controlar al otro es brindarse satisfacción a uno mismo. Esto, claro, es fácil de ver en lo físico, pero existe aún más en otro aspecto del ego. Los religiosos muy a menudo cambian el control de los demás, a otros planos ostensiblemente más aceptables. Buscar admiración, es controlar. Juzgar a los demás para que se conformen, es controlar. Mantener a los demás sin alcanzar lo que pueden llegar a ser, es controlar. Controlar a los demás es siempre para brindar más satisfacción al ego. Entre más busquemos el control, más nuestra sexualidad nos azarará. Entre más nos azare nuestra sexualidad, más inclinados estaremos a abusar físicamente de nuestra sexualidad.
Elegir es un acto creativo. Está la libertad que Dios brinda y ella siempre envuelve escogencia. Muchos factores influyen en la opción de cada persona. Estos factores vienen de nuestra experiencia del medio ambiente. El medio ambiente de cada uno de nosotros no es amigable a veces. El medio ambiente provee limitadas posibilidades. Algunas de esas limitaciones son: nuestra historia, nuestra sociedad y nuestras relaciones.
Nuestra historia es una seria limitación para cada uno de nosotros. La forma como experimentamos el mundo nos condiciona a una serie de respuestas emocionales, a un conjunto de expectativas sobre como iremos a ser tratados, y a memorias que nunca renuncian a su asidero. Es fácil normalizar nuestra historia. No siempre nos gusta tratar con las pasadas experiencias de vida, en especial cuando han sido dolorosas. Es más fácil pretender que no son importantes. Hay una clara expectativa en cada uno de nosotros. Es muy difícil manejar e incluso más duro aún poder cuestionar estas memorias y expectativas, porque ellas tienen una base social. De manera inconsciente tratamos de repetir lo bueno y evitar lo difícil. Cuando llegan los recuerdos tenemos una respuesta casi automática que no osamos cuestionar. Nuestra vida tiende a ser guiada por nuestras experiencias, nuestras expectativas y nuestros recuerdos. Podemos decidir manejarlos con propiedad si somos humildes y abiertos a compartir con los demás. Si no elegimos compartir tan por completo como sea posible, todos los aspectos de nuestra historia, nos convertimos en esclavos de ellos. Adoptar el buscar cuidado, amor y aceptación de los demás es dirigir nuestra historia en todos sus aspectos. Quizás eso es lo que significa comunidad. ¿Debemos optar por comprometernos en ello y permitir una apertura a nuestra historia?
Para ser una persona sexual comprometida con la Encarnación, debemos darnos cuenta que la sexualidad es una oportunidad para integrar control y preferencia. Cuando el control y la preferencia están más allá de nuestra capacidad, nuestra sexualidad tiende a estar pobremente ordenada. Las personas dedicadas a la Encarnación, tenemos que estar atentos a nuestra búsqueda de control y a las elecciones que hacemos para esconder nuestras experiencias. Tenemos que buscar reorientar nuestra sexualidad de vuelta hacia la Encarnación.
Preguntas para la Reflexión:
¿En dónde estamos buscando controlar, y cómo ello nos está controlando a nosotros?
¿Estamos abiertos a aceptar las historias de los demás?
¿Preferimos compartir nuestra historia obligando a los demás?