Reflexión MensualNoviembre 2005
El Desafío a la Misión en el Mundo de Hoy
Por el Rev. Austin Walsh, S.T.
Uno de los aciertos del Vaticano II que no puede perderse nunca, es su llamado a la lectura de los signos de los tiempos. El papel profético de la Iglesia, como el papel de los antiguos profetas, no es predecir el futuro sino proclamar la presencia de Dios en nuestro mundo y advertir sobre qué es de Dios y qué no es de Dios, en nuestra cultura y en el diario transcurrir de la vida.
La misión de la Iglesia es extender el reino de Dios inaugurado por la muerte y resurrección de Jesús. Se nos ha autorizado a hacerlo porque se nos ha dado el espíritu para continuar esta misión de Jesús.
El Reino de Dios, puesto así, es el poder y la presencia de Dios en nuestro mundo. Y las marcas y los signos de esta poderosa presencia son: paz, compasión, perdón, reconciliación, justicia, caridad, esperanza, desarrollo humano, diálogo, etc. Nosotros, la Iglesia, somos siervos del Reino de Dios y todos nuestros ministerios tienen que servir a la misión de Jesús en curso, con el fin de extender el Reino de Dios.
Los retos de esta misión son muchos – están los opuestos a las cualidades y signos de la presencia del Dios en nuestro mundo: guerra, injusticia, nacionalismo, desespero, pobreza, racismo, intolerancia, consumismo, materialismo, narcisismo, etc. Esta no es una lista tentativa. Para responder a estos desafíos tenemos que dar una respuesta cultural, mediante la luz del evangelio brillando sobre todos los eventos y culturas – afirmando lo que es bueno y exponiendo lo que no es dador de vida y que por lo tanto, no es de Dios. Tal posición de respuesta cultural empieza con una evaluación personal de cómo los aspectos negativos de nuestra cultura han invadido nuestras vidas. Sin tal reflexión, podemos ser influenciados por el materialismo, el consumismo, el narcisismo – para nombrar unos pocos.
He aquí por qué la posición contemplativa es tan importante, porque nos permite percibir el mundo con los ojos de Jesús y actuar sobre nuestras percepciones. Sin tal postura, nuestra oposición a los retos negativos en nuestra misión pueden ser pura política, o peor, pura ideología. Como Jesús, estamos llamados a hablar la verdad con amor. Estamos llamados a anunciar una manera mejor.
Preguntas para la reflexión:
¿Qué aspectos de nuestra cultura se han aferrado a nuestras vidas?
· ¿Soy poco apegado a las posesiones y comparto con aquellos que tienen poco?
· ¿Es todo mi ministerio acerca de mí o en realidad ayuda a extender el Reino de Dios?
· ¿Es más importante para mí el trabajo que las relaciones?