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REFLEXION MENSUAL - COMITÉ DE LA VIDA ESPIRITUAL JULIO 2006 UN ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS EN LA ORACIÓN ORLANDO BONILLA, ST Se puede afirmar que el primer conocimiento que el ser humano tiene acerca de Dios hunde sus raíces en la experiencia cultural. Las personas más cercanas son la influencia principal: padre, madre, abuelos, tíos, sacerdotes, catequistas, profesores, etc. Frente a esta realidad la oración es el camino que puede conducir al hombre a una experiencia única de Dios; es decir, a un encuentro con el misterio, donde el Espíritu Santo se comunica con su sabiduría y establece una relación de amistad en la que Dios se da a conocer de forma particular y personal al creyente. Es de esta manera, como la verdad revelada en Cristo para la salvación del género humano, se hace inteligible a la mente y al corazón del cristiano. Por tanto, es de vital importancia llegar a una madurez espiritual en el conocimiento de Dios. Nunca se debe dar por concluido el acto de fe; por el contrario, la sed y el hambre de querer conocer cada vez más a Dios deben convertirse en el punto de partida para alcanzar una experiencia más profunda y madura en la fe, de manera que, se pueda decir junto con Simeón: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvador, a quien has presentado ante todas los pueblos, luz para alumbrar a las naciones y gloría de tu pueblo Israel”. Aquí también hace eco el mensaje presente en el texto de la samaritana, cuando algunos dijeron a esta mujer: “Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el salvador del mundo” (Jn 4, 42). LA ORACION Antes de hacer referencia a la oración considero pertinente señalar una de las causa que impide que la oración sea tenida en alta estima, esta causa obedece a la separación que solemos hacer entre lo divino y el mundo perdiendo de vista lo que implica la encarnación (participación en la condición divina, filiación en el Hijo). Esto lleva a que la oración sea relegada al ámbito de lo divino. Entonces, muchos hombres que desean llevar una vida de oración piensan que ser hombre de oración equivale a ubicarse en este mundo divino y abandonar el presente, los que no están dispuestos ha dejar este mundo presente deciden no orar. Todo esto es una farsa, porque lo divino se a hecho humano para que lo humano pueda participar de lo divino sin tener que abandonar este mundo; pero, esta participación sólo es posible a través de la oración que nos conduce a un encuentro con Jesús en quien se revela la verdadera humanidad que participa de la divinidad en la filiación por el Hijo. La oración es una necesidad de carácter antropológico por que hunde sus raíces en la búsqueda de respuesta de parte del hombre a los grandes enigmas que le interrogan: ¿Qué es el hombre?, ¿cuál es el sentido y que fin tiene nuestra vida?, ¿qué es el bien y el pecado?, ¿cuál es el origen y el fin del dolor?, ¿cuál es el camino para conseguir la verdadera felicita?, ¿qué es la muerte, el juicio, y cuál la retribución después de la muerte?, ¿cuál es finalmente, aquél último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos? Todo hombre busca conocer la verdad; por tanto, todo ser humano por naturaleza es un ser orante, porque se plantea estos interrogantes y busca una respuesta a ellos. Sin embargo, el creyente hace esto desde Cristo. Por la fe creemos que la respuesta a todos estos interrogantes esta en Cristo, el dice: Yo soy el camino la verdad y la vida (Jn 14, 6); Yo soy la luz del mundo ( 9, 5; 8, 12); Yo soy la resurrección y la vida (11, 25); Yo soy el pan de vida (6, 35); Yo soy la puerta (10, 9); Yo soy el buen pastor (10, 11); Yo soy la vid verdadera (15, 1). Por tanto, la oración cristiana busca conocer a Cristo en quien se ha revelado la plenitud de la humanidad y toda la verdad acerca del misterio que nos interroga. El que la oración sea definida como una necesidad antropológica no quiere decir que deje de ser un don para los que ponen en esta categoría la oración. La pregunta seria: ¿crees que el ser humano ha sido creado por Dios? Si la respuesta es sí, entonces, se debe reconocer que el ser humano en su integridad es un don de Dios y con él todas sus facultades que le constituyen. Por consiguiente, la oración brota de la liberta que Dios mismo ha dado al hombre para que le busque y buscándole le encontré y encontrándole le ame. Es importante distinguir la verdadera oración de la falsa oración, dado que se suele criticar de manera negativa la vida de oración olvidando que la oración en cuanto actitud humana que busca conocer la verdad es totalmente positiva. En este sentido, la oración verdadera es aquella que nace de la convicción interna del hombre, es decir de la gran inquietud por conocer la verdad acerca de Dios, del universo y de si mismo; en cambio, la falsa oración nace de influencias externas que no trascienden a la realidad interna del hombre; es decir, se ora por cumplimento, por mandato o por tradición más no por convicción. Además, hay que aclarar que cuando hablamos de oración no hay que sacar como consecuencia que el fruto de la oración son las buenas obras porque desde el punto de vista cristiano el fruto de la oración es el encuentro con Dios Padre en Cristo y por ende las buenas obras nacen de este encuentro “busca primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosa se os darán por añadidura (Mt 6, 33). Esto es importante, porque si se cree que las buenas obras nacen de la oración se puede caer en un hacer ciertas obra buenas para justificar una conducta piadosa, que se plasma en un paternalismo que no contribuye en nada a la transformación de la realidad humana, dado que, crea dependencia e impide la realización del ser humano desde su propia autonomía. Pero, si las obras nacen del encuentro con Cristo obviamente se realizaran a la manera de Jesús inspiradas por la acción del Espíritu y por tanto, son obras trasformadoras por qué las obras que nacen del Espíritu de la verdad imprimen libertad y autonomía en la naturaleza humana. Otra de las cosas que desvirtúa la finalidad de la oración es el identificar el trabajo con la oración. Esto es falso, porque es propio y natural del ser humano el trabajar y el hacer cosas, pero no es propio ni natural en el ser humano trabajar y hacer cosas al estilo de Jesús; por consiguiente, orar y trabajar son dos cosas totalmente diferentes. Pero si la oración tiene la finalidad de llevar al creyente a un encuentro con Cristo, el entrar en esta relación con Cristo lo debe conducir a realizar su trabajo en la historia según el espíritu de Jesús. A partir de lo ya dicho a cerca de la oración, se puede afirmar que esta tiene dos momentos; el primero se refiere a la actitud de búsqueda y el segundo se denomina el encuentro con la verdad; cundo se llega a este segundo momento se pasa de una actitud de búsqueda a una actitud de contemplación y admiración, que luego se traduce en aceptación, acción de gracias y alabanza, esto compromete la totalidad de la vida del orante, en cuanto descubre que la verdadera alabanza que agrada a Dios es el canto de la misericordia. “Romper las cadenas injustas, desatar las coyundas del yugo, liberar a los oprimidos y romper todo yugo, compartir el pan con el hambriento, acoger a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no rehusar la ayuda al prójimo” (Is 58, 6-7). Para el profeta Amos su gran deseo es éste: “Ojalá el derecho corra como el agua y la justicia como río caudaloso” (Am 5,24). “Si comprendieses lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 12,7, Os 6,6; Mt 9, 12). “Si al presentar tu ofrenda ante el altar te acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano. Después vuelve y presenta tu ofrenda (Mt 5, 23-24). Por tanto, la oración es petición en cuanto búsqueda, contemplación y admiración en cuanto encuentro con Dios, agradecimiento y alabanza en cuanto ofrecimiento de la propia vida al estilo de Jesús; siendo el fruto definitivo de este encuentro con Dios la confianza y paz en Dios “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo” (Jn14, 27). El orientar nuestra vida hacia Cristo nos libera de preocupaciones inútiles y sin sentido y nos permite encontrar la paz que nace de la comunión con Dios, del encuentro consigo miso y de la comunión con la creación de Dios. Esto, a su vez se traduce en fe esperanza y caridad trasformadora. La admiración va unida al amor, dado que, sólo el que ama es capas de sentir admiración por lo que ama; en este sentido, solo el amor puede revelar el verdadero ser de las cosas y su finalidad, por tanto, la oración nos debe conducir a enamorarnos de Cristo para poder descubrir su belleza que nos hace bellos en la caridad y su grandeza que nos hace grande en el servicio. En definitiva, desde la visión cristiana la oración debe ser entendida como un acto humano que no excluye el carácter de don divino y es animado por el Espíritu Santo que habita en nuestro ser. “Nadie puede llamar a Dios padre sino es movido por el Espíritu”. La oración se da en dos direcciones: por medio de la fe y por medio de la voluntad humana, las dos son gracia divina. Dios mismo ha infundido en el hombre estas facultades para que por medio de ellas le conozca y le ame. Estas dos facultades son las que permiten la comprensión de la verdad revelada en Cristo y por Cristo. La fe responde a lo que se escapa a la comprensión racional de la verdad divina y la voluntad confirma y acepta esta verdad de fe y la hace digna de crédito y de ser vivida como parte integral de la propia aspiración humana. TRES PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR 1. ¿Qué importancia tiene para ti la oración?
3. ¿Desde tu experiencia crees que la oración además de contribuir a un crecimiento espiritual contribuye aun crecimiento humano?
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