Reflexión Mensual – septiembre 2005

El Sacrificio Propio y el Cristo Emigrante en el Sureste

Padre Francisco Valdovinos, S.T.


“Uno de los elementos esenciales de nuestra vida de los votos como Siervos
Misioneros de la Santísima Trinidad es el sacrificio propio” Resolución #1. Actas
XII del Cenáculo General de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, 2003
Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber;
anduve como forastero, y me dieron alojamiento. (Mateo 25,35)

El propósito de esta reflexión mensual es compartir la experiencia pastoral de un
encuentro con Jesucristo a través de la población inmigrante en el Sureste de los
Estados Unidos, basada en Mateo 25, 34-36 y en Lucas 24,13-35
Nuestro fundador el Padre Tomás A. Judge llegó al Sur a Opelika, Alabama en
agosto de 1915. Invitó a misioneros laicos a trabajar con él según sabemos por
nuestra historia, pero no podía imaginar al Ministerio Hispano que traería nueva
vida y nuevos retos pastorales al Sur. El Padre Judge y la Madre Bonifacia pueden
ahora mirar desde el cielo, con gozo y esperanza a esta nueva realidad.

Jesús, de acuerdo con los Evangelios, fue un viajero, algo muy parecido a un
emigrante. Viajó por toda la Palestina, desde el Sur (Samaria y Jericó) hasta el
Norte (hasta Caesarea Phillipi), desde el Noroeste (Tiro y Sidón) hasta el Noreste
(Bethesda y Gadara). Sin embargo, escogió a Cafarnaún como base y no a Su
ciudad natal, porque la primera estaba en el cruce de caminos de todas las áreas de
Palestina. El mensaje que llevó a Sus oyentes en Cafarnaún, se extendería desde el
cruce de caminos a todo Israel y a las tierras circundantes.  En Sus viajes estuvo
buscando maneras de servir a gente como los “Anawim”, que estaban abandonados
en su pobreza, miseria, enfermedad, hambre y soledad. Les sirvió con Su palabra,
alivio, alimento e integrándolos de forma diferente al Reino de Dios.

Jesús tomó el reto pastoral de servir a los pobres a Su alrededor, a los que no tenían
poder social ni político, los sin hogares y faltos de otras estructuras tradicionales.
Jesús les sirvió en el desierto, en las fronteras y en otros lugares en donde no había
lugar para el descanso ni la comodidad. La única seguridad disponible era caminar
bajo la guía e inspiración del Espíritu Santo buscando caminos para hacer la
voluntad del Padre.

Cada día veo a Cristo en los inmigrantes que vienen a nuestra zona. Veo al Cristo
Emigrante como se describe a Sí Mismo en Mateo 25, 34-36: Aquel que está
abandonado, está desnudo, está sin hogar, está prisionero, está hambriento y está
enfermo. El Cristo Emigrante en el Sur es aquella persona que no tiene cara ni
identidad, sin posición social, poder económico o influencia política. Es alguien que
necesita ser tratado como un ser humano, como un hermano o una hermana. Está
tocando a nuestras puertas por comida, alojamiento, trabajo, educación, por los
mismos derechos básicos y dignidad que todos merecemos.

El Cristo Emigrante ha dejado su país buscando una vida mejor, pero encuentra
muchas tribulaciones. Sale de su país con esperanzas, pero puede encontrar la
muerte en el desierto por hambre o sed, o encontrar la explotación de los
contrabandistas que le roban y abusan. Sus familias deben permanecer en silencio,
sin saber si sus seres amados retornarán, si han tenido éxito o si estarán yaciendo en
una tumba sin nombre.

El Cristo Emigrante puede tener éxito en llegar a los EEUU, pero obtendrá sólo un
trabajo temporal, o se matará en ocupaciones de alto riesgo o en las carreteras de
alta velocidad, resultando en dolor y llanto para una familia en casa.

Como preparación para esta reflexión tuve la oportunidad de rezar y buscar
inspiración en la Capilla de Holy Trinity. En Holy Trinity que es tierra sagrada para
nosotros, y busqué la guía e intercesión del Padre Judge. Pensé en mis propios
antecedentes antes de venir al Sur.

Me doy cuenta que necesito desarrollar algunas habilidades, como aprender la
cultura americana, el lenguaje, aprender a atender a la variedad de grupos
provenientes de América Latina y del Caribe, para poder servir a nuestro pueblo.
Estar en el Sureste ha sido una experiencia pastoral maravillosa que me ha permitido
ser más abierto a otros, aprender de otros, escuchar a otros, enriquecer mi vida en el
encuentro con el Cristo Emigrante.

Estar aquí me ha permitido experimentar una conversión a través del encuentro con
el Cristo Emigrante que enfrenta soledad, que a veces es víctima de la injusticia
social, que no puede tener una licencia de conducción o seguridad social debido a su
realidad de indocumentado.

Muchos inmigrantes vienen sin papeles. Muchos dicen que el único pasaporte que
tuvieron cuando cruzaron la frontera fue la imagen de la Virgen de Guadalupe, y
traen esta devoción y su profundo amor a la Virgen María que está siempre
intercediendo por nuestra gente, por el pueblo de Dios.

He tenido la oportunidad de servir a muchos de ellos. Una estaba enferma en el
hospital y necesitaba casarse. Conseguimos permiso de sus doctores para ir a la
iglesia. Fue una alegre ocasión. Su familia vino de México para el evento. El esposo
tenía poco dinero y estaba preocupado por el pago de mis servicios. Luego tomó de
uno de sus bolsillos una imagen de Guadalupe y me dijo: “Acepte esto. La he
llevado en mi bolsillo por más de 15 años”. Me sentí feliz de recibirla y la mantengo
en mi billetera como un regalo simbólico del Cristo Emigrante.

Como Siervos Misioneros en el Sur estamos buscando maneras para servir a otros.
Necesitamos abrir las puertas de las iglesias y ofrecerles la bienvenida a ellos.
Hemos sido inspirados por el Padre Judge para servir con un ministerio de
colaboración con nuestras MSBTs, nuestros CMAs y los líderes laicos. La
colaboración, la cooperación y la coordinación necesitan proceso, conversación,
comunión, solidaridad, conversión y co-responsabilidad con el concepto de familia.

Los Retos Pastorales Inmediatos

El pueblo inmigrante es de naturaleza transitoria. Ellos buscan a lo largo del país
trabajo en la agricultura y en la construcción. Las tareas pastorales demandan mucha
energía física y emocional con el fin de atender a sus muy urgentes necesidades. Los
recién llegados necesitan ayuda social básica y financiera, algunas veces con
urgencia. Debemos ayudarles a obtenerlas como parte de la meta de bienvenida a la
Iglesia y para integrarlos a ellos a la nueva sociedad.

Un ejemplo de estos retos es la crisis creada por el Huracán Katrina, que trajo
destrucción y muerte el 29 de agosto. Como vimos en televisión y en otros de medio
masivos, miles de personas fueron afectadas a través de la Costa del Golfo en las
regiones de Louisiana, Mississippi, Alabama y el Sur de la Florida.

El Huracán Katrina ha producido miles de nuevos migrantes, quienes han perdido a
sus familias, hogares, salud, trabajos, sueños y esperanzas. El desastre natural trajo
a la región tragedia, caos y devastación. Los nuevos migrantes de que hablamos
están buscando las maneras de sobrevivir, necesitan gasolina, comida, agua, hielo y
atención médica.

El Reto Pastoral Permanente

Requerimos crear una nueva visión – dónde estamos y hacia dónde vamos. La
visión nos tiene que permitir estar concientes de la nueva realidad: ¿Qué está
pasando? ¿Cuál es la situación social, religiosa, legal y política?

La visión nos ordena trabajar no sólo en el futuro sino a empezar ahora, a crear un
nuevo espacio en donde cada persona tenga los derechos humanos básicos. Nuestra
labor pastoral es proveer esperanza, entusiasmo y compromiso con el presente y con
el futuro.Esta visión requiere una formación y una educación para un nuevo
liderazgo entre la población inmigrante.

La visión es un proceso pastoral creativo y participatorio que nos ayuda a celebrar
la vida y a promover la justicia social y el sentido de solidaridad y la compasión.

La Visión Pastoral y el Camino de Emaús

Cristo ha dado también esperanza y dirección a quienes sufren. En Lucas 24,13-35,
dos discípulos estaban en el camino de Emaús. Estaban confundidos, temerosos y en
desesperación. Cuando viajaban se encontraron con Cristo que los auxilió en su
sufrimiento.

Siguiendo el ejemplo de Cristo, podemos auxiliar y servir a aquellos en su propio
viaje. Les podemos ofrecer una magnífica bienvenida y les podemos ofrecer
hospitalidad. Esto requiere aprender su cultura y lenguaje y estar concientes de la
realidad multicultural y multiétnica de aquellos provenientes de los países Latinos y
del Caribe.

Tenemos que recordar que los inmigrantes de hoy en día son como los Discípulos en
el camino de Emaús, que estaban inseguros con su presente y con su futuro.
Tenemos que acompañarlos en su jornada. Tenemos que convertirnos en sus
anfitriones, animarlos en los valores del Evangelio y confiarles el liderazgo de la
estructura de familia, iglesia y sociedad.

Conclusión

El Cristo Emigrante es una persona que nos brinda su propia identidad cultural,
lenguaje, antecedentes, costumbres y tradiciones, como la música, la comida, la
danza y los días feriados.

El Cristo Emigrante es un regalo, alguien que esta disponible para ofrecernos su
tiempo, talento, tesoro y testimonio del Evangelio.

El Cristo Emigrante enriquece nuestra economía a través del servicio a los negocios
agrícolas, la construcción, el turismo y los servicios industriales.

La población inmigrante es Cristo disfrazado, quien no sólo recibe sino que tiene un
tremendo poder potencial y energía para promover y contribuir a una nueva vida
desde su propia fe, esperanza y caridad.

Es un privilegio estar aquí en este histórico momento y tiempo memorable para
servirles, para alimentarlos, para estar con ellos en su jornada de esperanza, gozo y
sueños. Este es un sacrificio propio muy significativo.

Por último, el Cristo Emigrante no es un mero objeto, no merece las sobras, ni las
cosas en desuso, ni la basura en lugar de la caridad verdadera. Él no es una carga
social ni es un extraño. Él o ella son nuestro vecino, nuestro hermano, y nuestra
hermana que merecen nuestra atención, compasión y caridad a través del espíritu de
solidaridad y del sacrificio propio.

Preguntas

1. Con base en nuestra experiencia pastoral y ministerial, ¿cómo descubren y
aprenden ustedes acerca del sacrificio propio en el más pobre y abandonado
hermano o hermana?

2. ¿Cómo acompañan usted a las personas necesitadas o inmigrantes en su
misión local?

3. ¿De qué manera la práctica de la virtud del sacrificio propio del Padre Judge,
les inspira a ustedes para hacer la voluntad de Dios buscando formas de
transformar su propia humanidad y la de otros?