Comité de la Vida Espiritual

SIERVOS MISIONEROS DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Reflexión Mensual: septiembre 2003

 

La Caridad – Un Camino de Amor –Un Camino a La Perfección

Mary Nell Pecot, BTMI

 

La caridad es una virtud sobrenatural que está infundida por la gracia de Dios. Cuando la caridad es infundida, el cristiano ama a Dios soberanamente y ama a otros con el amor de Dios. El amor de Dios es la virtud más grande y la fuente de todas otras virtudes (Summa Theologiae II, II. 184, n.3). La caridad fluye de la naturaleza de Dios, y anima a  un amor sin condición alguna de parte de Dios y de el vecino.  Es muy diferente a otros amores de manera que es completamente caritativo y busca sólo el bien de otros.  La caridad sobrenatural anima a la unión con Dios, que es la base del amor al vecino, las emociones de buena fe, compasión y simpatía. La caridad hace posible los trabajos heroicos de sacrificio de uno mismo, además de las acciones ordinarias de uno entregarse. (1)

 

Santo Tomás De Aquino en su “ Summa Theologiae ” describe caridad como nuestra amistad con Dios, hablando de las palabras de Jesús registró en el Evangelio de San Juan, “ya no les llamo  más sirvientes. . . Pero les he llamado amigos”.  Es esta amistad genuina de caridad, lo cual encuentra su forma de nuestro amor a Dios para el bien de Dios, lo que Padre Judge escribe con frecuencia como un “Fruto particular del Espíritu Santo”.

 

Yo llamaría su atención a un fruto particular del Espíritu Santo, la caridad.  La caridad es el amor de Dios, es el amor de nuestro vecino.  El amor de Dios demanda de nosotros que hagamos mucho por él.  Es exacto, primeramente que lo conocemos…que  nosotros le servimos….la más segura de las reglas de vida, es que organizamos nuestras cosas de acuerdo al final de nuestras vidas. Nosotros sabemos que es esto. Consecuentemente, ésta debe de ser nuestra incesante lucha, la búsqueda constante para descubrir ese camino, vivir de esa manera en la cual podamos conocer mejor, el amor y servir a Dios. (2)

 

Dios se acerca a nosotros a través de su hijo Jesús la alegría eterna que viene de nuestro conocimiento profundo de las necesidades de nuestras almas para su gran virtud.  Nosotros realizamos que ésta es la forma de amarnos ofrecido a nosotros por los amados adelantos del Espíritu Santo según vivimos nuestras tareas diarias.  Como la Familia del Cenáculo poseemos una devoción y un conocimiento especial por esta verdad – para saber, amar y servir a Dios.  Es en la vida trinitaria de Dios que somos hechos participantes, sin embargo imperfectamente en nuestra  condición presente, en la que luchamos diariamente por la unión que es nuestra vocación.

 

En otra meditación de Padre Judge encontramos nuestro proyecto detallado para traer esta relación especial a la perfección en nuestras vidas y a las vidas de esos a los que prestamos servicio.

 

No podemos hablar de amor de Dios sin hablar del amor de nuestro vecino – la caridad, la unión a la perfección.  ¿Qué nos hace acercarnos a Dios? Es amor. Qué cosa tan maravillosa es el Iglesia católica – agrupar todas las personas que aman bajo cada parte del cielo de Dios, cada esquina de la tierra – nacionalidades diferentes, gente con intereses contradictorios todo super-administrados y armonizados en el amor de Dios … El Evangelio para nosotros es el Evangeliio del amor. El amor no tiene límites. El Evangelio del amor nos relata que debemos amar a nuestros enemigos; debemos hacer bien a esos que nos atormentan. Debemos bendecir esos que nos insultan. Debemos tener paciencia. Debemos ser clementes. Debemos tratar a ese vecino nuestro como esperemos que Dios nos trate. Esa es la regla – hay que hacer en otros como queremos que Dios nos haga a nosotros.  Él nos dice que cómo tratamos a otros, cómo nos ocupamos de otros, así es que él nos tratará a nosotros. Si queremos su misericordia, entonces debemos ser compasivos con nuestro vecino. Si queremos su piedad, entonces debemos compadecer a nuestro vecino. Si queremos su perdón, entonces debemos perdonar a nuestro hermano. Él nos perdonará. (3)

 

Debemos ser reconocidos por este espíritu de oración - debe de ser nuestro espíritu familiar - y nosotros debemos apreciar y apoyarnos el uno al otro según continuemos el camino de la perfección eterna con nuestro Dios Trino.

 

 

Preguntas de Reflexión:

1)         ¿Pongo restricciones en mis caminos para amar y servir a Dios?

2)         ¿Qué necesito cambiar en mi vida para lograr un nuevo método de amar y servir a Dios y a mi vecino?

3)         ¿Quiénes en mi vida han sido grandes ejemplos del gran amor de Dios? 

            ¿Qué es lo que ha hecho a ellos ser  tan especiales?

 

(1)   El visitante de Nuestro Domingo, Enciclopedia Católica, Copyright 1991

(2)   Meditaciones del Cenáculo Misionero, “El Amor a Dios y a Tu Vecino”, Pág. 172

(3)   Meditaciones del Cenáculo Misionero, “Practica:  La Virtud de Caridad del Cenáculo”, Pág. 300

 

Br. Steven Vesely, S.T.
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