SIERVOS MISIONEROS DE LA SANTISIMA TRINIDAD

 REFLEXION  MENSUAL  PARA  MAYO  2004

INDIVIDUALISMO

 

DOMINGO  RODRIGUEZ,  S.  T.

Fieles al llamado del Espíritu según Dios manifestó su amor preferencial a los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad en nuestro Decimosegundo Cenáculo General, continuamos ahora enfocando nuestra atención y corazón en nuestra “Identidad como Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad.”  (Resolución  #1, p.5)

Para la reflexión de este mes, se nos invita a considerar a manera particular, el señalamiento que dice:

“Nuestro deseo apasionado de ser fieles a la vida de votos se encuentra desafiado por: 

         el Individualismo

La palabra individualismo según el diccionario, se define como “la característica que identifica a la persona que vive un estilo marcadamente independiente en su pensar y actuar.”  Aquí, de inmediato queremos reconocer que existe una libertad personal que fluye del derecho inalienable de todo ser humano, muy a tono con la dignidad personal que es regalo de Dios.  El ser humano puede comportarse como le entra en gana  No existe nación alguna, ni grupo humano, civil o eclesiástico, que pueda conferir dignidad a ningún ser humano.  Reconocemos de inmediato, sin embargo que sí, pueden impedir, limitar y aún privar a individuos de su independencia y libertad personal.

El mundo de negocios en el sistema capitalista, según lo conocemos, promueve y recompensa el pensar y actuar independientemente.  Individuos en ese sistema sobresalen en su campo particular de negocios, al grado que se convierten en personas muy dueñas de sí mismas y agresivas.  Cuando se atreven ser ingeniosas y competitivas.  El “individualismo craso o descarado” se proclama como el ideal para aquellos que aspiran a la promoción y de ser galardonados  en el adelanto de su negociación.

No así, por supuesto, con aquellos que aspiran al discipulado de Nuestro Señor Jesucristo.  (S. Mt. 16/24); S. Mc. 8/34); S. Lc. 9/23).  Lo que se les ofrece como valores evangélicos son la negación de sí mismos y la entrega sin reserva (la Kenosis de San Pablo).  Para los amantes del Señor Jesús, no existe lugar para intereses creados ni egocentrismos.  Nuestro Padre Fundador nos dice al respecto:

            “…cuídate de un espíritu  que te haga patrocinarte a tí mismo, que te haga

            sentirte importante; cuídate del descontento cuando te observan o cuando

estés desilusionado o cuando te contradicen…debemos estar alerta, no sea que una palabra fomente o le de alas al esnobismo.” (Meditaciones p.54;  MF 8480)

Interesante aquí señalar que mientras luchamos por renovar nuestra Congregación Misionera en el Nuevo Milenio, que mientras luchamos por redefinir nuestra identidad religiosa, lo que propiamente tenemos que hacer es retomar nuestra Regla de Vida.  Esta precisamente, fue la recomendación que nos dio nuestro querido Padre Vicente Fitzpatrick en su reflexión para el mes de enero 2004.  El señaló en aquel momento: “La Identidad del Siervo Misionero ya esta descrita adecuadamente en la Constitución, Directorio y la Regla de Vida.”

El desafió pues, al que nos enfrentamos es el de volver a mirar, a revisar esos escritos y documentos que como creemos, son regalo del Espíritu Santo para nosotros.  ¿Cómo dejarnos consumir de nuevo por la pasión que identificó a nuestro Padre Fundador?  ¿Cómo restaurar la visión de una Familia trabajando juntos en la Iglesia?  ¿De veras creemos que este es el modo que el Espíritu Santo nos ha llamado a cada uno de nosotros Siervos Misioneros, a vivir nuestra vocación como religiosos?   ¿Cómo hemos de responder hoy en día a la legacía que nos dejó Padre Judge, aún más allá de los arrastres y atractivos de la sociedad contemporánea?   “Vive tu vida y deja vivir”, “No te apures, aprovéchate”, “Preocúpate de tí mismo”…todos estos son incentivos  muy atractivos pero conflictivos para aquellos  como nosotros que hemos jurado vivir juntos en comunidad.

Recuerda de nuevo aquí las palabras del Padre Judge:

“Piensen en la fuerña mutua que pueden ser unos para otros.  Piensen en lo que puede hacer los unos para con los otros.  Esto puede ser un bien tan grande y tan importante que en verdad, yo espero y pido que sus asuntos estén arreglados del tal manera que tengan que depender unos de otros, que no puedan trabajar los unos sin los otros, que ustedes se den cuenta de que se necesitan unos a otros…”  (Meditaciones p. 121; MF 850-53)

El pasar de los años, la acumulación de experiencias dolorosas (la memoria herida), el tropeñar contra nuestros sueños no realiñados, todo esto y más es lo que pudiera contribuir a un cambio de corazón.  Aquellas metas tan ambiciosas de santidad a través de un negarme a mi mismo en entrega total, fácilmente pudieran ser alteradas por unas expectativas personales menos exigentes.  “Lo mismo de siempre” parece ser la actitud mortal de cansancio y complacencia que no da lugar a otras posibilidades de vivir la vida de los votos religiosos.

No, no es pecado haber perdido la ilusión que debe caracterizar el vivir juntos como hombres llamados por el Espíritu, pero es triste.  ¡Pero no tiene que ser así!  No cuando el Espíritu del Señor continúa favoreciéndonos con oportunidades muy agraciadas de renovación personal y colectiva en la Congregación.  Creemos que ese fue precisamente el llamado que se nos hizo el pasado junio en nuestro Cenáculo General.  Fue el Espíritu quien nos llevó a la resolución que nos pide que “Nuestra identidad como religiosos y como Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad sea el punto principal, común y corriente de nuestra reflexión…durante los próximos cuatro años.”  (Actas XII, p. 6)

Cualquiera que “vive un estilo marcadamente independiente en su pensar y actuar” (definición de individualismo), se la va  hacer muy difícil aceptar y ser fiel a la regla que dice:

“Por la profesión de votos nos unimos en comunidad para beneficio de la misión apostólica…Nuestros votos deben de ayudarnos a expresar un amor más generoso el uno por el otro; la vida común, a su vez, debe de ayudarnos a la fiel observancia de  nuestros votos.”  (Regla de Vida # 24)

¡Tomemos tiempo para la reflexión!  Dejemos que el Espíritu nos cautive de nuevo a una intimidad donde “el corazón  le hable al corazón” (cor ad cor loquitur).  Atrevámonos romper con la tentación al egocentrismo, sencillamente porque los “enamorados” no tenemos otra alternativa.

“Me levantaré pues, y recorreré la ciudad.  Por las calles y las plazas buscaré al amado de mi alma.” (Cantar de los Cantares 3/2)


Para la reflexión personal:

1.     ¿Qué circunstancias actuales en la Congregación nos ayudan a vivir el ideal de ser familia?  

2. Pensando en tu experiencia personal ¿qué te ha ayudado a ser más generoso y entregado?  ¿Qué no te ha ayudado?  ¿Por qué?  

3. ¿Cómo ha sido tu experiencia de trabajo con otros: STs, MSBTs, ACMs, BTMIs, feligreses?  ¿Qué dificultades has encontrado?  ¿Por qué?