COMITE DE LA VIDA ESPIRITUAL
S I E R V O S M I S I O N E R O S D E L A S A N T I S I M A T R I N I D A D
Reflexión Mensual: Agosto 2004
¿UNA ACTITUD DE "SENTIRSE PRIVILEGIADO? O,
¿QUÉ VAMOS A RECIBIR?Nuestro propio deseo apasionado por ser fiel a la vida de votos hoy en día es amenazado por: ... una actitud de “sentirse privilegiado.”
Actas del XII Cenáculo General de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad.Rvdo. John Ford, S.T.
Pedro le dijo entonces: "Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido. ¿Qué vamos a recibir?" (Mateo 19:27)
Como Pedro, cada uno de nosotros, misioneros trinitarios, nos podemos parar frente a Jesús y hacer la misma pregunta: "¿Qué vamos a recibir?" La expectativa es un enriquecedor y motivante concepto bíblico. Las Navidades y la Cuaresma, por ejemplo, los pilares de nuestra fe, son los frutos de una esperanzadora expectativa. Pero, tristemente, no es sobre expectativas que siempre hemos hablado en nuestras reuniones. Muchas veces importamos el concepto secular del ‘derecho a' en muchas de nuestras discusiones.Como religiosos debemos de ser cuidadosos cuando discutimos sobre tener o no tener privilegio sobre algo. Ya existe demasiada gente en nuestra nación y en el mundo creyendo que el rico, poderoso, o con ancestro europeo es el que determina que otros tengan o no privilegios.La idea de ‘propiedad' puede ser entendida de la manera que escojamos, como un derecho, como una prerrogativa, como un privilegio o como una reclamación. La bendición en nuestra vida profesa es encontrarse en la paradoja, que hemos renunciado libremente a cualquier sentido personal de pertenencia, por la causa del Reino de Dios. Sin embargo, como San Pedro, no podemos menos que continuar preguntando, "¿Qué vamos a recibir?"Yo sugeriría que podemos esperar realizar (en esta vida) sólo lo que Dios ya nos ha privilegiado para hacer. Esto es, cuatro mandatos esenciales que han sido puestos por Dios en el centro de nuestro ser, al nacer: Primero, estamos llamados a ser; segundo, a tener; tercero, a relacionarnos; y cuarto, a trascender. Como siervos misioneros, nuestra vida religiosa debería ser, de manera ideal, el lugar y la realidad en los cuales negociemos estos mandatos.Sí, estamos llamados a ser. Esto es, requerimos un sentido de nosotros mismos en el mundo, y también de adquirir una identidad dentro de la comunidad de fe y dentro del Cenáculo. Sí, estamos llamados a tener adecuados recursos para vivir, no sólo para sobrevivir. El voto de pobreza nos da seguridad de ello. También estamos llamados a relacionarnos. Porque es en el relacionarse con otros y con el mundo que estamos nutridos, cuando nos orientamos a las realidades a nuestro alrededor; y estamos enraizados en familia y cultura. El voto de castidad es nuestra declaración personal de cómo escogeremos ahora relacionarnos. Y cuarto, estamos llamados a tener un sentido de la trascendencia. O sea, nosotros no somos ni autosuficientes ni sólo responsables por nosotros mismos. Nuestro voto de obediencia llama al trascender como El Dios Trino.Expectativas y mandatos bien pueden ser los dos lados de la misma moneda. San Pedro tuvo que ajustar sus propias expectativas:"Pedro le contestó: Aunque todos pierdan su fe en ti, yo no la perderé."
(Mateo 26:33)Antes de que pudiese empezar a vislumbrar para qué había sido llamado,"Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios."
(Juan 6:68-69)¿Qué puedo yo, en mi fe, esperar del Se or?¿Qué puedo esperar dentro y desde la vida religiosa y del Cenáculo Misionero?¿Qué pueden la comunidad y el Cenáculo, esperar de mí?Como religioso profeso, ¿Qué siento que estoy llamado a ser?Y como un Siervo Misionero, ¿qué es aquello que orgullosamente puedo reclamar?