COMITE DE LA VIDA ESPIRITUAL
SIERVOS MISIONEROS DE LA SANTISIMA TRINIDAD
Reflexion Mensual: Agosto 2003
LA VIRTUD DE LA HUMILDAD
por Rvdo. Gilberto Rodríguez, S.T.
La humildad es la virtud de Jesucristo. El primer gesto de humildad de Dios es la Encarnación: Se anonadó y tomó nuestra condición humana, habitó entre nosotros. Se sujetó a las mil bajezas que lleva consigo la condición humana, santificando por su medio lo nuestro.
Jesús vivió a manera sencilla y humilde. La escena del establo habla de por sí. En tiempos de Jesús no ocurrió nada extraordinario. Lo verdaderamente extraordinario es precisamente que sea Dios aquél que vive con normal sencillez.
Después, durante su vida pública enseñó como maestro. Las lecciones que dio a sus discípulos fueron en relación a la humildad. El mismo se presentó como modelo: Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón. Toda su vida pública, aunque esté llena de prodigiosos milagros es una vida humilde. El hecho final de su vida posible es el gesto más humilde que haya realizado, morir en la cruz como un malhechor.
¿Cómo entender la humildad? La humildad es contraria al orgullo. El orgulloso es soberbio, se sumerge en el amor propio. Por el contrario el humilde vive en verdad, no se presta a la mentira, es sincero, transparente. No se presta al engaño ni deformaciones egoístas.
La persona humilde reconocen sus limitaciones, percibe con objetividad su realidad, corrigiendo sus defectos. El humilde tiene un don especial para conocerse, aceptarse, olvidarse de sí mismo y darse con toda generosidad. La persona humilde es sabia precisamente por el auto-conocimiento que tiene. Y en definitiva esto tiene que ser un don. NO es fácil conocerse. No falta la soberbia que siempre está presente en el hombre, que nos lleva a ser orgullosos y nos impide interiorizar y examinarnos. Bien sabemos que si no nos auto evaluamos constantemente no podemos interiorizar. Solo interiorizando podremos descubrir las maravillas de Dios para nosotros. Solo el hombre que interioriza se hace vulnerable a Dios.
Una cualidad de la persona humilde es su fuerza para vivir en Dios, asumiendo hábitos y costumbres que les ayudan a modificar cualquier conducta pues reconocen que quien está en control es Dios. Solo Dios basta.
El humilde sabe que todo es pasajero. Hoy tengo, mañana tal vez no. De ahí que se le haga fácil compartir. No se aferra a las cosas materiales porque siempre busca el bienestar de otro. Nada es suyo, todo es para el bien común. Ama al estilo de Jesús, se dona totalmente en servicio. Su felicidad proviene de su facilidad para entregarlo todo por todo, y aprender de cada experiencia, sin posesionarse de los bienes. El humilde se deleita en dar hasta de su necesidad.
En definitiva, la humildad nos lleva a una relación mas intima con Dios, a comprender que todo viene de El y se lo debemos a El. Todo lo útil y agradable en nosotros viene de Dios Solo en Dios podemos encontrar complacencia, diría Padre Judge. El humilde construye y colaborar con otros en la construcción del Reino: Vida, Verdad, Justicia y Paz; Amor.
Preguntas para reflexionar:
1. ¿Es Jesús mi modelo de humildad? ¿Qué tan humilde soy para reconocer de donde vienen mis fuerzas?
2. ¿Qué tanto me dejo moldear por la sencillez y humildad de los otros?
3. ¿Cómo mejor vivir esta virtud en el Cenáculo Misionero?