COMITÉ DE LA VIDA ESPIRITUAL

SIERVOS MISIONEROS DE LA SANTISIMA TRINIDAD

 

Una Vida de Virtud

Hermana Brenda Hermann, MSBT

Mirando a los títulos de libros publicados en los Estados Unidos durante los últimos diez aZos, uno puede ver que la palabra 'virtud' se ha utilizado con frecuencia dentro de los títulos. Es virtuoso saber cómo conducir a una compaZía y hacerla lucrativa, saber cómo estar casado felizmente, o el saber cómo ser un buen ciudadano.

El diccionario define a la virtud como el "hábito de hacer las cosas bien." Para nosotros los cristianos, católicos, virtud es también ser dotado por Dios con el Bautismo y la Confirmación. Hablamos sobre los dones de la fe, de la esperanza y de la caridad. Estas se conocen como las "virtudes teológicas" esas son las cuatro "virtudes cardinales," la piedra angular a la vida como cristiano. Estas son prudencia, justicia, templanza y fortaleza.

También hablamos sobre virtudes "cívicas" o esos hábitos de la vida personal que son importantes para el éxito del individuo, de la familia, de la comunidad, y de la sociedad. Estas virtudes son autodisciplina, respecto, cooperación, responsabilidad, honradez, motivación, amistad, valor, no-violencia, y trabajo.

La virtud es un hábito de hacer lo bueno. Se desarrolla con el tiempo y solamente con prácticas habituales. Aunque son dotadas con la fe, la esperanza, y la caridad, estas virtudes también se profundizan con el uso cotidiano. La madre que mira a su niZo enfermo que sufre con tratamientos de quimioterapia invita a la virtud de la esperanza que conviva dentro de su alma. Ella ruega por la fortaleza y se refuerza en su fe. Su amor profundiza con su sufrimiento y ella comparte con otras personas que esperan con ella en la unidad de cuidado intensivo. Con el tiempo, esto se convierte en una manera de vivir, de ver y de responder al mundo.

La vida diaria es un desafío. La prudencia nos permite decidir a lo bueno, examinar las consecuencias de nuestras acciones. La justicia es una decisión constante para hacer lo que es correcto para Dios y mi vecino. La fortaleza nos ánima a conquistar el miedo y hacer lo cuál es correcto, y la templanza es la virtud del balance y de la moderación.

La virtud cívica es una habilidad en la vida viva, que brilla con el tiempo. Yo debo de aprender y practicar estas virtudes para afrentar los desafíos de la vida diaria. La calidad de vida que uno vive se desarrolla según el individuo se desenvuelve en el mundo. La comunidad del mundo se desarrolla según las personas de naciones enteras se comprometen a la práctica de la virtud.

La autodisciplina es la virtud que me permite mejorarme continuamente, conduciéndome a hacer lo que es correcto, incluso cuando nadie está mirando. El respeto me permite apoyar a otros en estima; La cooperación me ayuda a trabajar con otros para el bien de todos, para un propósito común. La responsabilidad es hacer las cosas que otros esperan que se hagan. Me aparta de culpar a otros de mis propios errores. Me permite que tome responsabilidad de mi propia vida y cómo ayudo a otros a vivir las propias.

La honradez, ya desarrollada en la vida, con el tiempo me permite que viva en la verdad. La motivación es una virtud que me empuja para buscar cosas interesantes que hacer, trabajar diligentemente, ser curioso para aprender, y ser buen administrador de mi tiempo. La amistad, como virtud, desarrolla en mí la capacidad de estar interesado en otra gente, ser fiel en relaciones con otros, y desarrollar dentro de mí el don de la hospitalidad especialmente a los recién llegados. Coraje es la virtud que me permite estar al pie del Evangelio, es estar dispuesta a hacer lo más correcto, incluso cuando no es la cosa más popular que hacer.

La no-violencia se practica cuando hago todo lo posible para convertir el mundo en un lugar pacífico, un lugar de paz, sea en mi familia, amistades, matrimonio, el lugar de trabajo, o en la comunidad de la parroquia. Es la capacidad de buscar siempre la solución pacífica.

 

El trabajo como virtud es el deseo de satisfacer mi vida, de utilizar mis dones al máximo, es apoyar a mi familia y a los que dependen de mí como creativamente contribuir al bien de toda la humanidad.

Dependiendo de la llamada de nuestras vidas, cada uno de nosotros desarrollará virtudes que nos permiten vivir vidas de santidad, vidas auténticas en el mundo. Sin la disciplina de una vida virtuosa, vivida por los individuos así como por grupos, habría caos sin fin. La gente casada necesita virtudes que les permitan vivir su relación juntos. Los profesores, pastores, presidentes y ejecutivos de organizaciones, madres solteras, trabajadores, todos necesitan virtudes particulares para ayudarles a vivir sus vidas diarias. Los jóvenes y los ancianos, todos los grupos étnicos, todos tienen la necesidad de las virtudes de modo que el reino de Dios sea visible. Las monjas, misioneros activos, también necesitan de las virtudes que apoyan su llamada a la misión y al ministerio.

 

Lee y reflexiona sobre Proverbios 31: 10-25

¿Cuáles virtudes ves tú que son practicadas?

Repasa tu propia vida, ¿qué virtudes vienen fácilmente a ti, cuáles son las más difíciles?

¿Cuál virtud es la más necesaria en tu vida diaria?