Reflexion del Cenáculo

Navidad 2002

        

La historia de la Navidad ha sido relatada, funcionada, presentada, actuada, escenificada cada año por los pasados dos mil años. Es una historia, obviamente, que merece repetición. Una de las razones que el mundo continúa haciendo eco de la historia de Navidad a través de las edades es que surte un efecto adecuadamente. La combinación de lo ordinario con lo extraordinario, de lo mundano con lo maravilloso, crea una narrativa apremiante. Somos deslumbrados en la apariencia del ángel que brilla con la gloria del Señor. Nos estremecemos por la proclamación de "buenas nuevas de gran gozo para toda la gente" Nos deleitamos con cantos a varias voces divinas cantando y alabando a Dios: "Gloria a Dios en el cielo y en la paz en la tierra para esos en quienes sus favores descansan" Los elementos extraordinarios de la primera mañana de Navidad son espectaculares. Pero lo ordinario también capta la imaginación porque conecta lo pasado con la realidad de hoy en día y con el tiempo.

¡Que pudo ser más ordinario que algunos trabajos duros y aburridos los que laboraban como lo hacían los pastores en el cambio de noche! ¡Qué, desafortunadamente, podría ser más ordinario que la política de gobierno empujándole a una pareja de jóvenes a vivir como desamparados y sin hogar como los romanos lo hicieron con José y María! ¡Y que podría ser más ordinario que una mujer dando a luz y cuidando de su niño lo mejor que ella podía a pesar de las circunstancias que ella se encontraba! Al escuchar la historia de Navidad por la dos mil y segunda vez estamos ahogados en este cuento ordinario mientras estamos estáticos en el temor por su naturaleza extraordinaria.

La combinación de lo ordinario y lo extraordinario momentáneamente nos podrían cegar hacia donde el milagro ocurrió. El milagro no fue el mensajero angélico. El milagro no fue gloria emana de lo lejos del cielo. El milagro no fue el cantor invitado para que celestialmente cantará "aleluya" " El milagro no estaba en todo lo extraordinario. El milagro estaba en lo ordinario. El milagro estaba en el nacimiento de un niño. Que podría ser más ordinario que ser nacido. Nos ha ocurrido a cada uno de nosotros. Pero fue un milagro dentro de este nacimiento, la tierra firme fue adjuntada al cielo, Dios se convirtió en un ser humano, la palabra fue hecha carne. Todo lo extraordinaria - el ángel, la gloria brillante, el canto divino a varias voces - limita la insignificancia haciendo frente a lo ordinario. Este niño, que mira, huele y siente así como otros niños, quiere decir que de ahora en adelante todo será diferente. La gente que camina en la oscuridad de pena, de dolor por la pérdida de un ser, ellos pueden ver una gran luz atraves de este niño. Él nos deja saber que, en Dios, el amor es más fuerte que la muerte. En la gente que mora en la tierra de tristeza (tristes en un mundo lleno de injusticia, con enfermedades, con aflicciones financieras, con problemas familiares) una luz les alumbra a ellos. Ya que este niño encarna la seguridad bendita que Dios tiene parte, un interes en la condición humana con todas sus alegrías y sus tristezas. La historia de Navidad, por consiguiente, se trata del milagro de lo ordinario. La llegada de Jesús dice, no se distraiga por ahí con lo inusual. Encuentren en lo ordinario de la vida humana la presencia de Dios que ilumina nuestro camino.


            En el milagro de lo ordinario se descubre el verdadero significado de la Navidad. Esta temporada es mejor comunicada no por el regalo unico, la comida extraordinaria, la ocasión especial. La Navidad es más personificada viviendo en lo ordinario con cuidado y atención, tratando a la gente que es parte de nuestras vidas con ternura y compasión, dandole la mano a esos que están en necesidad. Los pastores recibieron instrucciones de reconocer la cara de Dios en el niño de Belén. El milagro de Navidad nos dice a nosotros que veamos la cara de Dios en cada niño. El bebé envuelto en pañales fue nombrado Emanuel, Dios con nosotros. El milagro de Navidad transforma tu vida y la mía y la de cada vida humana ordinaria con la posibilidad de vivir una vida divina.


            Tal vez el poder del milagro de lo ordinario se aclara en las primeras palabras del ángel para los pastores: "No tengan miedo" Realmente, esa parece la primera frase que cada ángel expresa en la Biblia. Tal vez los ángeles saben que nuestras vidas están llenas de miedo. Tenemos miedo a la enfermedad y a la muerte, tenemos miedo a perdonar porque nos pueden lastimar otra vez, tenemos miedo a estar solos, tenemos miedo a perdernos en la vida. El ángel nos instruye a no tener miedo porque éste es el mundo es de Dios, no el nuestro, y, por alguna razón divina y extravagante, el favor de Dios descansa sobre nosotros. Dios puede usar nuestros seres ordinarios para lograr grandes cosas. Una vez que dejemos el miedo y entramos en confianza entonces un milagro ocurre, en Dios, todo será sano, toda clase de cosas estarán bien.

 

            Así es que vete a la montaña a decir que el milagro está en lo ordinario. Vaya a decirlo desde la montaña, sobre las colinas y por todas partes, vaya a decir que Jesucristo ha nacido. ¡Amén!

 

1. ¿Dónde encuentras a Dios en la providencia ordinaria de tu vida diaria?

2. ¿Qué es lo que temas? ¿Cómo te ayuda vencer tus temores la venida de Jesús como un ser humano?

3. ¿Por qué Dios escogió entrar al mundo como un niño, pequeño y débil?